Recupero un artículo que publiqué en 2010 en la edición en papel del periódico Diagonal sobre el ex presidente sueco Olof Palme, de cuyo asesinato se cumplen hoy 26 años. Transcribo aquí el texto, que sintetiza su posición política, anticomunista y anticapitalista al mismo tiempo, su contribución al desarrollo del socialismo democrático, su relación con España y su compromiso (a menudo arriesgado, controvertido y origen de enemistad con dictaduras y potencias militares) con la paz, la democracia y los derechos humanos.

DIAGONAL nº 135
El asesinato de Olof Palme, todavía por resolver, germen del fenómeno de la novela negra sueca, marcó un antes y un después en la historia del país y de la socialdemocracia.
El premier socialista sueco se dio a conocer en España tras un singular acto de denuncia contra el régimen franquista en 1975. Palme apareció en un mercado sueco, hucha en mano, acompañado de su ministro de Hacienda, para recaudar fondos para la libertad de los españoles. La provocativa colecta del primer ministro tenía lugar una semana después del fusilamiento de dos militantes de ETA y tres del FRAP. Palme había anunciado que financiaría la lucha antifranquista.
En diciembre de 1976, Palme visitaría España por primera vez, con motivo del 27º congreso del PSOE. Sin embargo, su vínculo con los socialistas españoles no significó siquiera una posición común en relación a la Guerra Fría. Al ganar las generales de 1982, el PSOE renunció a su negativa a entrar en la OTAN. Su deriva ideológica le llevó a desmarcarse de la postura neutral adoptada por la socialdemocracia sueca, contraria a la política de bloques.
Palme, junto a personajes como Willy Brandt, canciller de la Alemania Occidental, defendió la creación de una zona desnuclearizada en el centro de Europa. En una entrevista, para el diario El País en 1982, auguraba el advenimiento de una tercera guerra mundial si proseguía la carrera de armamentos.
Desde algunos medios de comunicación, a Palme se le tachó de “pro-soviético” por la neutralidad de Suecia en la Guerra Fría, sus críticas a EEUU, su apoyo a la Organización para la Liberación de Palestina o su simpatía hacia Fidel Castro, con quien mantuvo una reunión en 1975, siendo ésta la primera de un líder occidental con el mandatario cubano. No obstante, Palme siempre expresó su rechazo a alinearse con ninguna de las superpotencias.
Socialismo quijotesco
En una visita a Viena en 1975, Olof Palme describió su defendida postura de neutralidad activa como “la obligación de alzar la voz cuando las grandes potencias pisotean los derechos de los Estados más pequeños”.
Enemigo de regímenes totalitarios, denunció sus crímenes y alentó la democracia en países como Grecia, Chile, Portugal o El Salvador, así como en España. Pacifista tenaz, afirmó una vez que, en la lucha por la paz, la del Quijote era la condición ideal: “obstinado, tozudo, movido por una idea”. Pese a oponerse al desarme unilateral de Suecia, redujo de manera considerable el gasto militar del Estado sueco.
Palme condenó el Apartheid sudafricano. Que más del 40% de la ayuda bilateral de Suecia fuera a parar a estados fronterizos con Sudáfrica evidencia su repulsa. Su reprobación a la implicación de EEUU en la Guerra de Vietnam fue su crítica más controvertida. La acusación de Palme a EEUU de violar la democracia, la libertad y su propia Constitución, su comparación entre la ofensiva norteamericana y los crímenes de los dictadores del siglo XX, su disposición a refugiar a desertores del servicio militar norteamericano y su presencia en manifestaciones frente a la embajada de EEUU le costaron a Palme una larga crisis diplomática. Acabada la guerra, en 1982, George Bush reconoció en una visita a Suecia: “Ustedes estaban en lo cierto, nosotros estábamos equivocados”.
Palme propició el acceso de nuevas generaciones al liderazgo de la socialdemocracia. También el de las mujeres, cuya lucha, precisó, era “una responsabilidad mutua de todo el movimiento obrero”. La Suecia de Palme, máximo exponente del Estado del Bienestar durante más de 40 años, fue, además, tierra de acogida de exiliados políticos, lo que implicó, en palabras de Palme, un aporte a la cultura sueca “único” y “enriquecedor”.
¿Quién mató a Palme?
Olof Palme fue asesinado el 28 de febrero de 1986 al salir del cine con su mujer. La muerte de Palme puso en cuestión la hasta entonces indiscutible seguridad del país escandinavo. El crimen no se ha llegado a resolver, si bien son muchas las teorías que circulan sobre la autoría del delito. Un espía sudafricano, la CIA, los servicios secretos británicos, integrantes del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) y un paramilitar chileno enviado por Pinochet son algunos de los sospechosos que se han barajado desde el asesinato, a menudo presuntos culpables vinculados a quienes fueron el blanco de las críticas de Palme.